Empresas Premium
La startup española impulsa una fábrica de vehículos eléctricos sostenibles que aspira a devolver a España un papel protagonista en la fabricación de automóviles.
Durante décadas, España ha sido una potencia en la fabricación de automóviles… siempre para terceros. Grandes marcas internacionales, plantas altamente competitivas y millones de vehículos producidos, pero muy pocos proyectos propios con ambición industrial. Liux quiere romper esa dinámica y lo está haciendo desde un terreno tan simbólico como estratégico: la construcción de una nueva fábrica de vehículos eléctricos en Guadalajara.
La startup española, fundada en 2021, avanza en uno de los proyectos industriales más singulares del panorama automovilístico nacional: levantar una planta diseñada desde cero para fabricar coches eléctricos urbanos, ligeros y sostenibles, con tecnología propia y un enfoque radicalmente distinto al de la automoción tradicional.
La nueva instalación de Liux, ubicada en Azuqueca de Henares (Guadalajara), supone una inversión anunciada de unos 30 millones de euros y está concebida como una planta de producción flexible, adaptada a volúmenes medios y a procesos de fabricación innovadores.
No se trata de replicar el modelo clásico de gran factoría, sino de optimizar cada fase del proceso: desde el diseño modular del vehículo hasta el uso de materiales alternativos y técnicas de ensamblaje más ligeras. El objetivo inicial es alcanzar una capacidad de producción de hasta 15.000 vehículos anuales, con escalabilidad progresiva en función de la demanda.
El proyecto tiene además un fuerte componente simbólico: será una de las primeras fábricas de automóviles impulsadas por una marca española en décadas, y una de las pocas concebidas específicamente para el coche eléctrico desde su origen.
Uno de los elementos más diferenciales de Liux es su apuesta por la sostenibilidad aplicada al producto y al proceso industrial. Sus modelos utilizan carrocerías fabricadas con fibra de lino, un material natural, reciclable y con una huella de carbono muy inferior a la de los compuestos tradicionales.
A ello se suma un diseño ligero, baterías modulares y una arquitectura pensada para reducir tanto el consumo energético como los costes de producción. En un contexto en el que la industria europea busca fórmulas para competir frente a los gigantes asiáticos, Liux propone menos peso, menos complejidad y más eficiencia.
La fábrica de Guadalajara será clave para validar este enfoque a escala industrial, integrando proveedores locales y desarrollando un ecosistema productivo alineado con la nueva movilidad.
Liux no aspira a competir en todos los segmentos. Su foco está claro: vehículos eléctricos urbanos, compactos, accesibles y pensados para un uso intensivo en ciudad y entornos metropolitanos. Modelos como el Liux Geko o el Liux BIG apuntan a autonomías suficientes para el día a día, precios contenidos y un diseño funcional, alejado del sobrepeso tecnológico de otros eléctricos.
Además, la compañía ya ha cerrado acuerdos estratégicos con operadores de movilidad, lo que garantiza volúmenes iniciales de producción y reduce uno de los grandes riesgos de cualquier nuevo fabricante: la comercialización.
Más allá del producto, la relevancia de Liux está en su ambición industrial. En un momento en el que España debate cómo mantener su peso en la automoción en plena transición eléctrica, la fábrica de Guadalajara representa un experimento real de nueva industria: más ligera, más sostenible y con mayor control sobre la cadena de valor.
Si el proyecto logra consolidarse, Liux no solo fabricará coches. Podría convertirse en un caso de estudio sobre cómo crear industria automovilística propia en el siglo XXI, desde España y para un mercado europeo que necesita nuevas respuestas.
La nave aún se está construyendo, pero el mensaje ya está lanzado: la electrificación no solo va de cambiar motores, sino también de repensar cómo, dónde y para qué se fabrican los coches. Y en ese debate, Liux quiere tener voz propia.