14 de junio, 2022 Artículos de opinión comentarios
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Un artículo de Iñaki Ballesteros, responsable de Analistas Zona Norte de Solunion España.

El mundo de las materias primas o commodities está inmerso en una espiral inflacionista que, al menos en Europa, no tiene parangón.

En este contexto, los precios de los metales han alcanzado en los últimos 18 meses niveles nunca vistos anteriormente, lo que ha llevado a la industria a una rentabilidad también histórica en 2021.

Sin embargo, lejos de estabilizarse, el mercado no ha reducido su volatilidad, sino que ha pasado a fluctuar en una banda de precios muy superior a la que estábamos acostumbrados en la última década, y todo apunta a que la inflación en este mercado ha venido para quedarse.

Concretamente, el precio del acero en calidad y formato estándar como la bobina laminada en caliente, que nos sirve de guía, se ha movido en una banda de precios que ha ido oscilando durante la última década entre los 500 euros y los 700 euros, es decir, ha fluctuado en una guía de 200 euros por tonelada.

Actualmente, estamos viendo una nueva banda que va de los 800 € (noviembre de 2021) a los 1.400 €, a lo que ha llegado en marzo de 2022 como consecuencia de la invasión de Ucrania por Rusia, lo que implica que los precios se mueven actualmente en una guía de 600 €/tn. Esta nueva realidad supone asumir riesgos y una capacidad de financiación adicional muy relevante que no todos los actores en la cadena de valor son capaces de soportar.

Los precios del acero se han debilitado en los últimos dos meses desde máximos de 1.450 €/tn (para esta referencia) al entorno de los 1.050 €/tn actuales, lo que implica una caída del 20% pero, en términos unitarios, estamos hablando de 400 euros por tonelada y, por tanto, obliga a una gestión del inventario muy rigurosa para controlar el riesgo de pérdida.

La cuestión es, ¿hasta dónde pueden corregir los precios? Lógicamente, no sabemos hasta dónde se prologará la actual caída, pero sí pensamos que los precios se moverán en una banda muy superior a la que conocíamos hasta ahora, por varios motivos:  

Como decíamos al principio, el mundo de las materias primas ha cambiado, y el acero no es, por tanto, el único commodity protagonista de esta espiral de inflación. Todos los elementos necesarios para su transformación y distribución, desde el mineral de hierro o chatarra hasta el transporte, están en la misma espiral de precios y, por tanto, soportan unos precios base muy superiores.

El incremento del coste de la energía merece un punto aparte. La escalada de precios de la energía en un sector electro intensivo, como el metalúrgico, está teniendo un enorme impacto, tanto en el precio repercutido al cliente, como incluso en los niveles de producción. Pese a que el sector se está protegiendo a través de sistemas como los “PPA”, los costes energéticos son superiores en España comparado con otros mercados, lo que puede conllevar una pérdida de competitividad en la industria española.

Las medidas proteccionistas han aliviado la oferta en el mercado europeo. Desde el 1 de julio de 2021, la UE ha prorrogado durante otros tres años las medidas de salvaguarda sobre la importación de determinados productos de acero, lo que implica que continuará cobrando el arancel del 25% sobre las importaciones de productos que excedan las cuotas asignadas a los países productores.

Los objetivos climáticos de la UE marcan nuevos límites a las emisiones de carbono que afectan directamente a las acerías, que deben reducir sus emisiones un 30% para el año 2030, lo que les obliga a realizar fuertes inversiones para ir reduciendo sus emisiones o a limitar su producción para evitar comprar derechos. Ambos casos, bien por recargos en la producción o bien por limitación en la oferta, tienen un fuerte impacto sobre los precios.

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